Los Blue Boys

Por Efrén Ángel de León

 

El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas a los recuerdos.
[Oscar Wilde]
La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza, y vida y alegría a todas las cosas.
[Platón]

                                                                                                                   
A fines de los años cincuenta se inició en el ámbito mundial un cambio radical en la juventud, referente a su forma de pensar y actuar. En varios países surgió casi simultáneamente, pero principalmente en Estados Unidos e Inglaterra, el ritmo que evolucionó no solo la música sino también la filosofía, la moda mundial, las formas de divertirse, la libertad de la propia juventud. En Norteamérica, se encontraba de moda el Jazz, el Boogie y el Blues; luego de una combinación de estos ritmos, surgió el rock and roll.

Con el rock and roll, la muchachada enloqueció en todo el mundo y cantaron y bailaron al ritmo de Little Richard, Ray Charles, Chuck Berry, Elvis Presley, Bill Haley, Ritchie Valens y un largo etcétera, rebelándose contra las rígidas formas de pensar de los adultos y de las estrictas imposiciones, las cuales ignoraban las opiniones y la forma de pensar de la juventud. El ambiente estricto motivó a los jóvenes a rebelarse, manifestando su inconformidad a través de la música. Por su parte, los adultos catalogaron a esa generación como “rebeldes sin causa”, clasificación que pone de manifiesto el nivel de incomprensión hacia la juventud. Esa visión negativa de la juventud fue promovida en gran medida por el cine de la época, con películas como Rebeldes sin causa (1955) y Juventud desenfrenada (1956).

En este sentido, la lucha generacional encabezada por los jóvenes se llevó a cabo con el fin de que sus opiniones, sus ideas, su forma de ver las cosas, fueran tomadas en cuenta; querían participar en las acciones y decisiones desde su lugar, ya no quería ser ignorada, no quería permanecer callada en las determinaciones importantes, quería manifestarse con su presencia y lo hicieron a través de la música, del baile y la letra de sus canciones. Lo hicieron a través del rock and roll.

 

El rock and roll llega a Guadalajara

 

La juventud de entonces se involucró en una lucha pacífica, una lucha en donde demostraba su fuerza, su presencia, su inteligencia digna de ser tomada en cuenta; se manifestó a su modo con lo que consideró que no les podían arrebatar los adultos, es decir, con su inspiración, con su arte, con su sentimiento, con su imaginación, con su ritmo, con su baile y con su música. Este ritmo, esta música, esta influencia, este baile, llegaron a Guadalajara en donde de inmediato surgieron conjuntos de rock and roll y cantantes de esa contagiosa y agradable música. Las radiodifusoras, ansiosas de transmitir y ser pioneras en tocar la música de moda, se adelantaron unas a otras; las más importantes fueron la XEAV Canal 58, la XESP Radio Juventud y la XEHL, todas en la banda de A.M.

XEAVFachada del teatro Alameda, con las siglas de la XEAV Canal 58.

En 1959 la XEAV Canal 58, que estaba ubicada en los altos del teatro Alameda —Calzada Independencia, esquina con la calle Álvaro Obregón—, presentaba rock and roll en vivo todos los jueves por la tarde, invitando a conjuntos provenientes de la Ciudad de México, tales como Los Rebeldes del Rock,  Los Locos del Ritmo, Los Rogers, etc., y a conjuntos locales como Los Gibson  Boys y Mike Laure. Varios amigos de la cuadra donde vivíamos nos organizábamos e íbamos a escuchar el rock and roll en vivo en el teatro estudio del Canal 58. Los presentadores de los artistas eran Manuel López Agredano (dueño de la XEAV), Carlos Castillo Preshenda y Jaime Lomelí.

 

El inicio de Los Blue Boys

 

Antes y después de los programas platicábamos con los artistas y los locutores. Entablamos una buena amistad con Mike Laure, quien nos invitó a presenciar sus ensayos en el lugar donde practicaban, por la calle Catalán. Le expresamos nuestro deseo de formar un conjunto de rock and roll y él se ofreció a enseñarnos y dirigirnos al inicio, cosa que aceptamos gustosos y con mucho agradecimiento. Así fue como iniciamos Los Blue Boys, de donde se desprendió una larga carrera musical, tocando el fabuloso ritmo del rock and roll en Televisión, Teatros, Fiestas, Restaurantes, Salones de Baile, Caravanas artísticas por la República Mexicana, y un largo etcétera.

LaureMike Laure y sus Cometas.

Comenzamos en 1960 tocando en fiestas particulares: cumpleaños, bodas, quince años, etc. El primer lugar público a donde nos invitaron a tocar fue la Concha Acústica, en los festivales dominicales del Parque Agua Azul. Ahí se congregaba mucha gente previa invitación periodística; fue un gran lugar donde se daba cita la gente, con el gusto de oír música y presenciar a sus artistas preferidos. Después nos invitaron a participar en programas de rock and roll, en Canal 6 y Canal 4 de la televisión local. (Antes de esa ocasión, nos contrataron  para tocar varios días en un restaurante llamado Boca del Río, que se localizaba en la esquina sur-oriente de la confluencia de las calles Hospicio y la calzada Independencia.)

BRFachada del restaurante Boca del Río.

 

El show televisivo

 

El canal 6 de Televisión se encontraba en la Av. Circunvalación, casi esquina con Belisario Domínguez y era hermana de la XEHL Guadalajara, una estación de radio donde también tocamos en varias ocasiones. En el canal 6 se emitía un programa  de concurso entre los distintos grupos de rock and roll de Guadalajara y entre parejas de bailarines de ese ritmo, nombrando a los ganadores al final de la programación. Ese programa se llamaba A ritmo de twist. Los Blue Boys competíamos contra Los Spiders, Los Jets, Los Fugitivos o Los Black Kings, y ganamos en varias ocasiones.

El canal 4 se encontraba en el mismo domicilio que se encuentra hoy, es decir, en Av. Alemania esquina con Av. Enrique Díaz de León, antes Tolsá. Ahí tocamos en tres programas y en  muchas ocasiones: Muévanse todos, Marcando el paso y Variedades del medio día. En Variedades del medio día, incluyeron una canción nuestra como cortinilla de entrada y salida del programa, con una imagen nuestra tocando rock and roll durante 12 meses, o sea, más o menos el tiempo que el programa se mantuvo al aire, transmitiéndose diaramente.

C4Actuación de Los Blue Boys en el Canal 4, con Manuel “El Loco” Valdés como conductor.

En 1962, la XEHL nos invitó a grabar una melodía, grabamos “Johnny B. Goode” de Chuck Berry y se escuchó durante mucho tiempo en esa estación. En la siguiente foto aparecemos en los estudios de la XHG-TV Canal 4, en un programa donde tocábamos una vez por semana y que cada tres o cuatro meses cambiaba de conductor. Uno de ellos fue Manuel “El Loco” Valdés; otros fueron Alfonso “Poncho” D’ Alessio, papá de Lupita D’ Alessio, que era un espléndido cantante de ópera; Flavio, un cómico que traía chistes escritos en una libreta y los contaba apoyándose en ella, por lo que se le conoció como “Flavio y su Libreta”; Fernando Montrey, un cómico Argentino que era muy efectivo y alegre; así como Manolo Muñoz y varios artistas más.

XHGLos Blue Boys, Manuel “El Loco” Valdés, la famosa cantante mexicana Mona Bell y el famoso director de orquesta de Guadalajara Enrique Reyes.

 

Los viajes a Puerto Vallarta

 

En 1962 nos contrataron para tocar en el Hotel Rosita, y para participar en la inauguración del Club de Leones de ese lugar de Puerto Vallarta, un paraíso casi desconocido. Puerto Vallarta era un caserío muy bonito cerca del mar alegre y con poco turismo por ser un lugar desconectado con el resto del país. Ya tenía un pequeño aeropuerto y solo se podía visitar por aire y por tierra por una brecha angosta entre los árboles del camino y que lo unía con Chapalilla, Nayarit. Al llegar al río Ameca, un río ancho y con un fuerte caudal de agua que teníamos que cruzar, el método para hacerlo fue por medio de una panga en donde la gente bajaba del camión, cruzábamos en la panga y se regresaba y luego el camión lo subían a la panga y lo cruzaban. Ya del otro lado, en tierras de Jalisco, subíamos al camión y seguíamos el viaje hasta llegar a nuestro destino. El regreso era igual.

Después de 8 horas de camino, viajando de noche para aprovechar el día en Puerto Vallarta, llegamos, bajamos nuestros instrumentos y nuestras maletas y nos instalamos en el mismo Hotel Rosita que era el mejor de ese tiempo y nos salimos a conocer el lugar. Nos dimos cuenta que en un céntrico lugar de baile, estaban tocando tarde y  noche un conjunto llamado Los Lobos, a los cuales habíamos conocido en Guadalajara y que ensayaban en una casa del barrio de Santa Teresita. En ese lugar nos hicimos amigo a Alfredo Labra, alias “El Zapatitos” y a su hermano Luis y a varios del grupo. Por la noche fuimos al lugar de baile y Los Lobos, que ya tenían dos años viviendo en Puerto Vallarta, habían comprado el lugar y lo llamaron Salón Los Lobos. Diario estaba lleno de turistas gringos y mexicanos. Les estaba yendo muy bien. Ellos nos recibieron afectuosamente y platicamos largo rato e incluso nos invitaron a tocar, pero solo nos echamos la paloma y en otra visita al puerto, sí tocamos alternando  y conviviendo con ellos como amigos que éramos. Ya conociendo las dificultades del camino, en los posteriores viajes tomábamos avión de ida y vuelta.

 

La relación con Musart

 

En los años sesenta era muy difícil grabar discos ya que había pocas compañías grabadoras y solo grababan artistas con buena música; era muy caro hacer un disco y por eso escogían a pocos artistas. Las disqueras que competían en México eran RCA Víctor, Musart, Peerles, Orfeón, Columbia, Dimsa y otras menos famosas. En 1964 fuimos invitados a grabar por parte de don Guillermo Acosta, quien era el director artístico de Discos Musart —una de las compañías más famosas— y por don Jesús Acosta, Gerente General de la empresa. Así fue como grabamos nuestro primer EP (Extended Play, disco de 45 revoluciones), en los estudios de Musart ubicados en la ciudad de México. Las melodías que grabamos fueron “Tijuana”, “Wipe Out”, “Chapala Surfin”, “Let’s Go”, “No me Pasará a Mí” y “Dime la Verdad”. Un año después nos volvieron a citar para grabar y quedaron las canciones de “Éxtasis”, “Quiero Dinero”, “Ven” y “Puro Amor”. “Éxtasis” fue un éxito a nivel nacional y hoy aún se toca en el Canal 58 y en La consentida de la radio A.M.

PortadasAlgunas de las portadas de discos grabados por Los Blue Boys.

En una ocasión, el Sr. Meléndez, quien era representante de discos Musart en el Occidente, nos contrató para amenizar un congreso que celebraron aquí en Guadalajara y nos trató como invitados, dándonos asiento en las mesas del salón de eventos, codeándonos con los altos ejecutivos de las empresas de la música. Fue un gran evento en donde entre otros artistas, estuvieron cantantes de la época como Angélica María, Alberto Vázquez, Los Mabbers y otros más. Allí conocimos a Los Rogers, con quienes platicamos casi toda la noche, haciéndonos amigos desde entonces e invitándolos a que cada vez que estuvieran en Guadalajara nos visitaran.

En 1964 nos contrataron para tocar en el Club Muralla de Mazatlán Sinaloa, uno de los lugares más famosos y elegantes, y sucedió que estando tocando arriba en el estrado, uno de los compañeros me dijo, “mira quiénes están sentados en esa mesa” y al voltear, descubrí a Los Impala, un grupo vocal de tres elementos muy famoso en ese tiempo, por cantar un estilo que ellos bautizaron como “bolero concierto”; entre las canciones más famosas y bonitas de Los Impala están “Ven que te Quiero”, “Es mi concierto”, “Musetta” y “Me Regalo Contigo”, canciones bellas de verdad. Sus integrantes eran Laura Olivia Solís, Humberto Basurto Valero y Arnulfo Vega Barrios y grababan para discos Musart, en la misma compañía que nosotros. Cuando terminamos de tocar nos mandaron llamar y nos invitaron a su mesa, donde desarrollamos una interesante plática. Al despedirnos, los invitamos a visitarnos a la casa donde ensayábamos (mi casa) para cuando fueran a Guadalajara; a partir de esa fecha, cada vez que ellos llegaban a la ciudad nos visitaban. Otros artistas que llegaron a visitar nuestros ensayos fueron Los Rogers, Los Locos del Ritmo, Paco Cañedo, Juan Legido de Los Churumbeles de España, José Alfredo Jiménez y varios más que ya no recuerdo.

 

Los Caballeros de la Orden del Coco Jimado

 

Muchas fueron las aventuras que nos sucedieron como grupo rocanrolero, así que les narraré solo algunas anécdotas. Un lugar en donde seguido nos contrataban para ir a tocar y que quedaba a pocos kilómetros de la playa, entre hectáreas de plantaciones, era Coahuayana Michoacán. Ahí, el organizador era un señor como de cuarenta años, alto, gordo, moreno, usaba sombrero y todo su tipo era de costeño; era el rico del pueblo y se llamaba Leopoldo, pero todos le decían don Polo. Tenía mucho dinero porque era dueño de una plantación de coco y plátano, productos que vendía por grandes cantidades. Cuando nosotros tocábamos, escogía la mejor mesa, se sentaba con sus amigos y nos invitaba a acompañarlo en los intermedios a tomar cerveza. Era muy expresivo, platicador y agradable. Tenía una frase muy pintoresca que decía: “vénganse todos a tomar una cerveza, ¡hey, mesero, sírvanos y que se nuble de cervezas porque este día vamos a tomar en oceánicas cantidades!”. Llamaba al mariachi y tomando y cantando pasábamos las horas posteriores al terminar nosotros de tocar, luego nos animaba a tomar los instrumentos del mariachi y Manuel tocaba la vihuela, Salvador la guitarra y yo el tololoche o guitarrón y Eduardo se ponía a cantar canciones rancheras.

La conexión para contratarnos era a través de un amigo mutuo llamado Francisco Jiménez quien vivía en Guadalajara y llevaba una fuerte amistad con don Polo y entre los dos pagaban la fiesta que ellos organizaban. La primera vez que viajamos a Coahuayana llegamos a Tecomán Colima, ya que nos invitaron a la estación de radio de ese lugar para una entrevista, puesto que éramos el primer grupo de rock and roll que pisaba ese lugar. Días antes acababan de nombrar a Los Beatles como Caballeros de la Orden del Imperio Británico y el locutor en un acto de broma nos nombró con voz al aire, con micrófono abierto al público, “Caballeros de la Orden del Coco Jimado”. Ese comentario duró algunos días hasta que se nos olvidó.

 

Una velada inolvidable

 

En la noche de año nuevo 64-65, fuimos a tocar a la casa del propietario de Novedades Bertha, una tienda departamental que se localizaba donde termina Lafayette esquina con Av. México. El domicilio para tocar, que era la casa del propietario, quedaba por la Av. López Mateos, antes de llegar a los Gavilanes. La casa era muy grande y bonita, ya que el terreno donde se localizaba era muy grande con amplios jardines con distinta vegetación, perfectamente cuidado, pasto bien podado y recortado y en el centro una gran alberca de perímetro irregular, que pasaba hasta el interior de la sala, la cual estaba dividida por un gran ventanal que pasaba por encima de la alberca a unos cuantos centímetros arriba del nivel del agua. Instalamos los instrumentos musicales en esa sala junto a la alberca y tocamos la música que nos solicitaban los invitados. Por el otro lado de la sala-alberca, se localizaban grandes mesas con  platillos preparados para la cena, los cuales despedían un aroma exquisito. A las doce de la noche, el grito de los asistentes marcó el inicio de un año nuevo (1965), arrojaron confeti, serpentinas de colores, globos inflados y se destaparon botellas de champagne, sirviendo los meseros a todos los asistentes, incluidos nosotros que éramos los músicos. Brindamos al unísono por el año que llegaba y la despedida del que terminaba. Los asistentes bailaron al alegre ritmo de la música que brotaba de los  instrumentos de Los Blue Boys.

En un intermedio, los compañeros del grupo musical y yo salimos a recorrer el jardín. En medio de la caminata nos abordó el propietario de la casa y nos dijo: “muchachos, ¿quieren conocer lo que hay en la parte de abajo de esta escalera?”. Nosotros contestamos que sí y seguimos al propietario, bajamos con cuidado las angostas y escasamente iluminadas escaleras, llegamos a un pasillo que se ampliaba a varios metros de distancia de los escalones y caminamos hasta encontrar un gran cristal desde donde se veía el bajo-lateral de la alberca que pasaba a la sala. En ella se encontraba una pareja de novios, nadando y en un momento determinado uno de ellos se acercó y se asomó por el cristal que medía 2.00 X 3.00 metros aproximadamente y nos saludó. La profundidad en ese lugar era de 5.00 metros desde el nivel de piso terminado del jardín, hasta el bajo nivel de la alberca. Tal experiencia nos dejó impresionados y agradecimos al propietario su gentileza de hacernos conocer esa excelente obra de ingeniería.

A la hora de la cena, el propietario nos mando decir con uno de los meseros que pasáramos a la mesa de bufete y nos sirviéramos lo que se nos antojara. Pasamos con nuestro plato nos servimos diferentes alimentos. En los recipientes de comida había todo tipo de mariscos, preparados en distintas formas, desde camarones simplemente cocidos hasta pulpo, langosta o langostinos, angulas, caviar rojo y negro, todo en exóticas preparaciones. Nos servimos lo que creímos prudente comer, acompañado de copas de champagne, vino tinto y blanco. Nadie de notros había comido el caviar, por lo que nos servimos generosamente de los dos tipos del alimento saboreándonos antes de probarlos. Grande fue nuestra decepción, pues al llevarnos la primer cucharada a la boca nos dio un sabor desagradable que provocó que regresáramos disimuladamente el bocado y más tarde lo depositáramos en un recipiente de basura. Quizá nuestros paladares no estaban educados para ese tipo de platillo y sobre todo para ese sabor.

Terminamos de tocar después de las tres de la madrugada y al despedirnos del amabilísimo propietario, nos pidió que cada uno nos lleváramos una botella de vino o licor que se nos antojara, de tequila, whisky o coñac. Regresamos a nuestra casa con una muy grata impresión por el amable trato con el que nos atendió el Sr. dueño de los Almacenes Bertha. (Comentario aparte: en la propaganda que en el radio y la televisión hacían de esta tienda de departamentos, era  “donde termina Lafayette y empieza su economía”, pero entre la gente ocurrente como todos los mexicanos le arregló el jingle y decían: “donde empieza Lafayette y termina su economía”.)

 

Cafés cantantes y clubes de admiradoras

 

El Sr. Antonio Estrada, dueño de un lugar llamado Jazz Bar, nos contrató para tocar en un café cantante (así llamaban a los lugares donde no se vendía ninguna bebida con alcohol), que se localizaba en la Calzada Independencia, en la colonia Independencia. Después nos pasamos a tocar diariamente a otro café cantante que se llamaba Metamorfosis, ubicado entre las calles San Felipe y Liceo, frente al jardín de la Reforma o de San José; ahí acudían casi diario cuatro norteamericanas, tres rubias y una pelirroja, llamadas Marlyn, McLean, Johanna y la pelirroja, Maureen Cynthia, que eran lindas y la más chica solo tenía 16 años de edad. Hicimos mucha amistad con ellas. En ocasiones asistía también su mamá y/o su hermano Ronney y el ambiente se tornaba más alegre, ya que la señora era de mucho ambiente.

Ellos pasaban un tiempo en Guadalajara, mientras se arreglaban unos asuntos que estaban realizando en Estados Unidos. La atracción que generaban ellas sobre nosotros —jóvenes incipientes, iniciándonos en el teje y maneje del amor y, por qué no decirlo, también del sexo— era mayúsculo y las invitábamos a todos los lugares donde tocábamos, o a mi casa, o ellas nos invitaban a su casa, hasta que a fin de cuentas nos hicimos novios. Salvador, el que tocaba la guitarra acompañamiento, empezó a salir con Johanna; Antonio, que tocaba la batería salía con McLean; José Adrián Palomera, el cantante, salía con Marilyn; y yo salía con Maureen, la pelirroja. Para nosotros fue un tiempo de ensueño, pues las chicas estaban muy bonitas y llamaban mucho la atención por todas partes a donde las llevábamos. Fue el tiempo en que nos entraron las ganas de estudiar el inglés y como teníamos con quien practicarlo, pues lo aprendimos bien. Llegó el día en que tuvieron que regresar a Estados Unidos y todos nos pusimos tristes pero más Adrián, ya que él se enamoró mucho de Marilyn y lloró, lloró y lloró.

En la Colonia Morelos que se encuentra al sur de Guadalajara, se formó un Club de Admiradoras (hoy Fans) de Los Blue Boys, organizado y presidido por Patricia Mares, congregando a cerca de 50 chavas que nos seguían a donde tocábamos. La idea del Club era que ellas pudiesen ingresar a nuestras presentaciones en los programas de televisión, en la Concha Acústica del Parque Agua Azul, en las Caravanas Corona Extra, etc. Así mismo se formó otro club de admiradoras en la calle Francisco de Ayza, encabezado por Graciela Zambrano con una cantidad de socias muy similar.

 

Anécdotas

 

Mi hermano Moisés era fiel seguidor del Atlas y por su fanatismo no se perdía ningún partido de futbol, fuera en campeonato o no. Un día Los Blue Boys fuimos a tocar a un lugar importante de Guadalajara y coincidió con que esa noche jugaba el Atlas y al parecer era un juego importante, al grado que Moisés no quería perderse ese partido y se llevó un pequeño radio con audífonos sin que nos diéramos cuenta. Gran sorpresa y asombro nos llevamos cuando en medio de una canción que interpretábamos, escuchamos un fuerte grito de “¡Goooool!”. Todos volteamos a ver a mi hermano, incluyendo al público de la fiesta; Moisés, emocionado y absorto, poniendo más atención al partido que a la música, se había dejado llevar por la emoción que le causó la anotación, hasta que se quitó los audífonos, reaccionando ante los gritos de nosotros para que se quitara los audífonos. Se los quitó y la fiesta continuó. Fue muy chusco. Los anfitriones comprendieron por ser también ellos del Atlas y no hubo reclamos ni nada.

En los años sesenta, se contrataban conjuntos de rock and roll para animar las reuniones, los bailes o cualquier evento. En una ocasión nos contrataron para tocar todos los fines de semana en un centro nocturno que se ubicaba a la entrada de Zapopan; ahí amenizábamos dos conjuntos en horario de las 21:00 horas a las 2:00 de la madrugada. Una vez, mientras tocábamos como a eso de las 12:00 de la noche, inició un pleito entre los asistentes —no sé por qué motivo— que terminó en una balacera. El gerente del lugar nos decía que siguiéramos tocando pero en eso, una bala pegó a un lado de donde yo me encontraba con mi guitarra; el susto fue tanto que nos hizo suspender la música y escondernos para protegernos detrás de los amplificadores y las bocinas, hasta que llegó la policía y se terminó el pleito. Después de eso continuamos tocando y la gente siguió bailando. El susto fue grande pero lo superamos.

 

Epílogo

 

Fuimos contratados para hacer giras de la Caravana Corona Extra por varias de las más importantes ciudades y en los mejores centros nocturnos y canales de televisión. Conocimos a los mejores artistas de la televisión a nivel nacional. Se escuchó mucho nuestra canción “Éxtasis” y “Tijuana”, tanto que llegaron a los primeros niveles de  popularidad nacional. Esos fueron años de ensueño para Los Blue Boys, con todo lo que nos estaba sucediendo, fue para nosotros el top, el hito, lo máximo, el cambio total y que nos ha acompañado toda la vida como lo mejor que nos sucedió en nuestra juventud.

Sin embargo, en 1968 dimos por terminada la época de Los Blue Boys porque terminamos alguna carrera o tuvimos problemas con los estudios. Cada quien tomó su camino profesional y nos desarrollamos en nuestras actividades: mi hermano Moisés como médico, Antonio Salcido Ramos terminó la carrera de Ingeniero Mecánico Electricista, el cantante Eduardo Hernández se lanzó como solista y luego instaló una empresa fabricante de artículos de plástico, los otros dos compañeros se fueron a tocar a otros conjuntos de rock and roll, y yo me dediqué a la ingeniería civil. El séptimo Blue Boy, Héctor Hinojosa Ávila, que ingresó al grupo cuando Manuel y Salvador en su aspiración de tocar el rock and roll a más altos niveles, se fueron a Tijuana a tocar, pero al parecer no les fue muy bien y regresaron después de varios meses, con nosotros. Mientras ellos estuvieron en Tijuana, Héctor tocó el requinto para no suspender nuestra actividad musical. Primero regresó Manuel y varios meses después llegó Salvador, y así Héctor pasó a tocar la guitarra acompañamiento hasta que regresó Salvador.

Grandes momentos, grandes fiestas, grandes presentaciones, grandes amigos como Rafael Almaraz Hernández, Lupita Estrada, Manuel López Agredano, Paco Navarro, Paco Cañedo y muchos más, así como grandes artistas del momento. Giras, presentaciones en teatros, radio y televisión. A través de los años que hemos vivido activos e inactivos, el haber sido parte viviente de Los Blue Boys y que jamás creímos ni pensamos llegar a tener la fama que nos ha mostrado el tiempo. Pero esas sorpresas que no esperábamos han hecho que lo sintamos como algo inmerecido. La aparición en varias revistas en varias ocasiones, a nivel nacional, tales como Notitas Musicales (1963), Ritmo Juvenil (1963), en libros como Guadalajara y el Rock, 50`s -70`s de Miguel S. Torres Zermeño (2002), 60 años de Rock Mexicano del Sr. González (2016), así como el haber sido base importante para la Tesis Profesional para la obtención del título de Licenciado en Historia de David Moreno Gaona, de la Universidad de Guadalajara, son cosas que nos llenan de orgullo y satisfacción. Los Blue Boys somos parte de los fundadores del rock and roll en Guadalajara y en México.

Revista1Recorte de la revista Ritmo Juvenil N° 22.

Revista2Recorte de la revista Notitas Musicales, mayo de 1965, donde aparecemos en los estudios del Canal 4. Como conductor del programa aparece Flavio, un cómico famoso que se hacía llamar “Flavio y su libreta”.

 

Revista3Recorte de la revista Ritmo Juvenil N° 11. Escribe Patricia Mares Sánchez al buzón de la revista para informar sobre el Club de Admiradoras de Los Blue Boys.

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