La “Beatlemanía” en Guadalajara

Por David Moreno Gaona

A partir de 1964 aparecieron artículos en El Informador referentes a la nueva moda que causaba furor en la juventud. Se hablaba de Los Beatles como “Los Cuatro Personajes más Importantes del Reino Unido”; en un tono sarcástico, a veces irónico y ofensivo, se comentaba que “con sus cabellos de pájaros del trópico, con su ritmo lento y obsesionante, los Beatles entusiasman a la juventud anglosajona”.[1]

La moda que pregonaba el cuarteto causó alarma en la opinión pública, refiriendo que el uso de melenas por parte de los muchachos representaba una amenaza directa a las buenas costumbres, así como un cuestionamiento frontal a las normas convencionales de género. Un articulista que firmó varias notas con el pseudónimo de “P. Lussa”, advertía a finales de 1965 lo siguiente:

De poco tiempo a esta parte se ha desatado un antimelenismo que amenaza con tener alcances mundiales, porque de ello hay brotes lo mismo en Roma que en París, Inglaterra y Estados Unidos, y ya en México está sucediendo lo mismo […] fueron los ‘papanatas’ de los Beatles, —calificados así en Inglaterra— quienes revivieron el melenismo en años recientes, escandalizaron con él, y lograron hacerse notar en algo que nada valen: la música. Si no hubiera sido por sus melenas de tipo femenil, —inclusive parecen jotos— su música hubiera pasado desapercibida como la de tantos otros maletas de su misma ganadería y encornadura […] Los demás, los imitadores de Los Beatles, no son sino gachos […] por eso mismo ya los están pelando en Roma, París, Londres, México y Guadalajara […] Jotos y melenudos comenzaron a ser lo mismo, y por eso ya los están pelando en todas partes […] si usted es melenudo, así sea de los ‘otros’ o no, por las dudas pélese antes de que lo pelen por ahí en la calle.[2]

 

En otra ocasión, el mismo articulista hacía una caracterización negativa de los jóvenes que comenzaban a imitar a los Beatles. Haciendo énfasis en su estética afeminada, señalaba que “ahora estamos llenos de mechudos que medio tocan guitarras de esas alacranadas, gritan ante los micrófonos, y hacen con todo ello eso que llaman música ‘moderna’ […] el otro día vimos a uno de esos entes greñudos, con cara de joto, cantando ante un micrófono. Este sujeto que lleva el pelo hasta los hombros, tiene una cara como de máscara michoacana y, a juzgar por sus gestos y contorsiones es muy, pero ¡muy! De los otros”.[3]

Por otra parte, aunado al fenómeno de la Beatlemanía, la nueva moda femenil desató una serie de controversias. Modelos juveniles femeninos como Nancy Sinatra y Pattie Boyd promovieron una nueva estética que amenazaba con subvertir la convencionalidad. Al respecto, una articulista escribió para El Informador lo siguiente:

Corta, corta, cada vez más corta, locamente corta, diabólicamente corta, la mini-falda ha perdido el dobladillo. Ya no conoce los límites […] Un día, se ve la rodilla en su forma entera. Al día siguiente se ve el muslo. Y al día después…… Nos estremecemos al pensar si la mini-falda no supiera detenerse. Pattie Boyd, la esposa de George Harrison, guitarrista de los Beatles, de regreso a la City de su viaje de luna de miel, casi como Nancy, hija del gran Sinatra, parecen no inquietarse de los futuros impúdicos de la mini-falda. En las calles de Londres pasean orgullosamente sus lindas piernas, asombradas solamente del asombro de los transeúntes.[4]

 

Otros elementos estéticos como los maquillajes exagerados y el uso de jeans por parte de las muchachas, fueron motivo de alarma entre la opinión pública más conservadora, quienes a través de los discursos apelaban al mantenimiento de las normas tradicionales de género. En el año de 1966 una nota hizo una llamada de atención a las mujeres para tomar medidas al respecto:

Veamos a lo que hemos llegado. Jovencitas de ojos exageradamente maquillados y labios anémicos entalladas en pantalones que les entran con calzador, y jóvenes con melena ondulada al hombro sudando copiosamente. ¡Qué desvergüenza! ¿Por qué hemos de exagerar siempre la nota imitando a los condecorados y extranjeros Beatles que engrosaron el tesoro del imperio británico? —Mechudos a pelarse— […] La mujer tiene gran parte de la culpa. ¿Por qué permiten eso las madres, novias, hermanas a esos pseudovarones? […] Si la juventud es promesa de la patria, ya podemos imaginar en un futuro no lejano a los mechudos y jovencitas con ojos de ‘noche oscura’ en oficinas, consultorios, escuelas, despachos jurídicos, etc., atendiendo sus labores. Pero no, no, eso no, nunca se verá. El hombre seguirá siendo viril y la mujer no se degradará del lugar excelso en que el cristianismo la colocó. Y en los hogares volverá la cordura y el sentido común imperará.[5]

 

Sin embargo, la difusión de la Beatlemanía no encontró obstáculos en Guadalajara. Las casas musicales anunciaban los discos de los Beatles y los cines estrenaban sus películas.[6] El 25 de agosto de 1965 se anunció en la prensa local el estreno de la película ¡Yeah, yeah, yeah! (A hard day’s Night) en el cine Metropolitan: “¡Protagonizando su primera película de largo metraje, llena de acción y gracia! Los Beatles”.[7] (Fig.) Víctor González relata su experiencia como asistente a la proyección de la película de la siguiente manera: “Cuando se exhibió la película ¡Yeah, yeah, yeah! en el cine Metropolitan, en la Calzada, yo me vestí como Beatle; vendían unas botas Ringo en la Canadá y yo tenía las mías, pantalones entubados negros, mi saco negro y mi cuello negro tipo mao, y el pelo para abajo. Yo me sentía un Beatle, llegamos al cine y la emoción: las chiquillas se desmayaban de ver la película. ¡Salí yo hecho un Beatle!”.[8]

Hard's day

Cartel promocional de la película ¡Yeah, yeah, yeah! Fuente: El Informador, 25 de agosto de 1965, p. 6-B.

Por otra parte, el tema de la Beatlemanía había llegado incluso al ámbito académico. En la revista EtCaetera, dirigida por Adalberto Navarro Sánchez, se publicó un ensayo titulado “Los Beatles y su época” escrito por Donato Ruiz. Antes de su publicación, el ensayo había sido leído por el autor a principios de 1966 en la Casa de la Cultura Jalisciense.[9] El ensayo pone énfasis en el carácter representativo de los Beatles entre la cultura juvenil cosmopolita, tratando de hacer un análisis sobre las posibles consecuencias de la Beatlemanía:

Los Beatles vienen a constituirse, a través de sus canciones y films, en los reyes fugaces —al estilo de los reyes estudiantiles medievales— en los que la juventud de los sesentas se siente liberada y elevada al poder y la gloria. Imitar sus gestos, su despeinado, su vestimenta, deviene un modo de impregnarse de su mítica substancia, de comulgar mágicamente con ellos y dar al mundo la imagen infinitamente repetida del joven total y esencial […] En veinte años los cabellos han crecido, no son hasta el cuello, sino hasta los hombros; los libais y sweters de cuello de tortuga han reemplazado al pantalón y la camisa de cuello con corbata negra […] No creo que estas influencias lleguen a calar hondo en la conducta de la juventud mexicana, ya que si bien es cierto que en nuestros días el largo del cabello masculino entre los adolescentes mexicanos citadinos ha aumentado, su largo no ha crecido más que el de los jóvenes existencialistas de hace veinte años […] Creo que aparte de eso la influencia de la beatle-manía entre la gente del campo es nula; en cambio en las grandes ciudades y sobre todo en la clase media metropolitana su influencia se ha dejado sentir en los últimos meses como consecuencia del estreno de sus películas.[10]

 

En efecto, el distanciamiento entre jóvenes y adultos se hacía cada vez más evidente, sobre todo en los elementos estéticos de la cultura juvenil. Sin embargo, probablemente fueron los hombres quienes desarrollaron de forma más notoria la apropiación de las melenas. Por su parte, al preguntarle a Blanca Aldrete si las muchachas usaron jeans o minifaldas durante los sesenta contestó lo siguiente: “No, nosotras éramos de vestido, cuando mucho a la rodilla. Yo me puse mi primer pantalón como en el ochenta. No era usual”.[11]

Para 1967, la opinión pública se alarmaba de una nueva tendencia juvenil que parecía mucho más amenazante. Una nota publicada en ese año señalaba otros aspectos de la conducta juvenil nacidos en Inglaterra: “ya no se trata de los muchachos desmelenados y de estrafalario vestir cuyo ejemplo máximo son los Beatles; son sus sucesores, que han avanzado en la conducta pública y en el exhibicionismo o caracteres que visiblemente tienden a borrar o por lo menos a disminuir las condiciones especialmente humanas de masculinidad y feminidad”.[12] En efecto, el fenómeno de la Beatlemanía encontraba su final ante la creciente difusión de la parafernalia hippie que comenzó a pregonar la nueva ola de grupos roqueros. Desde el Distrito Federal, llegaban noticias a Guadalajara que advertían sobre la creciente entrada a México de hippies extranjeros. Al poco tiempo, los jóvenes mexicanos comenzarían a construir una nueva cultura que despertaría renovadas confrontaciones entre lo moderno y lo tradicional. A partir de la apropiación de nuevos elementos como la psicodelia, la cultura juvenil se reelaboraría a sí misma, fijando signos de identificación, así como prácticas rituales que le permitió diferenciarse de los rocanroleros de la época de oro y de los adultos.

Los xipitecas y los Beatles 

 La creciente llegada de jóvenes autodenominados hippies al centro del país a partir de 1967, comenzó a causar alarma entre los distintos sectores defeños quienes veían en ellos una juventud indeseada.[13] Al año siguiente, la prensa tapatía lanzó fuertes críticas contra la nueva música hippy por su relación con el uso de drogas. Un articulista se preguntaba qué quería decir eso de “sicodelia”, y al respecto señalaba que hacía referencia al:

estado síquico producido por las substancias alucinantes, como los hongos de la Costa Chica, o el peyote, lo cual es en resumen un estado de perturbación mental, de síntomas claramente patológicos […] esta palabra fue inventada por los ingleses para describir el proceso mental de los ‘hippies’ y tal vez también el de los ‘Beatles’, que también le hacen al hongo, al LSD, al peyote, a la ‘grifa’ o mariguana, y a todo lo que les haga un efecto parecido.[14]

 

En este sentido, la prensa contribuyó a la construcción del imaginario que relacionaba al rock y al cabello largo con el uso de drogas y con la rebeldía —entendida como un relajamiento moral—. Los sectores conservadores consideraron las “composiciones hippy-yippy” como “antimelódicas, de muy mal gusto y carentes de propósito”.[15] Así mismo, el cabello largo fue criticado por grupos conservadores como un afeminamiento de la juventud, a la vez que representaba una imagen vergonzosa frente al estereotipo de masculinidad jalisciense representada por el charro bravío. Al respecto, una nota hizo un llamado para que: “los jóvenes mexicanos que han dado en afeminarse con sus ropajes y costumbres, vuelvan en breve a la masculinidad que abandonaron, y al machismo que tanto admiran las mujeres y que en Jalisco, principalmente, nos ha dado fama en canciones y películas”.[16] El “greñudismo” era considerado como algo “repugnante y piojoso que iniciaron los Beatles y después cundió a los ‘hippies’”.[17] Roberto Pérez recuerda la estigmatización de que la juventud fue producto a partir de estos años:

Te veían con el pelo largo y era sinónimo de pacheco, incluso cuando yo entré a la escuela de música —tenía veintiún años—, tenían la idea de que yo era loco, aunque me veía muy sano de la cara y todo eso, pero simplemente el traer el pelo largo, vestir pantalones de mezclilla todos parchados… Andar así era un sinónimo, pero no tenía nada que ver con la realidad. Mucha gente aquí en Guadalajara se dejaba llevar por el estereotipo, y más adelante, en los setentas sí estaba pesado; podías ser un intelectual o un  bohemio, pero con el simple hecho de verte de esa manera, ya te estigmatizaban, te condenaban, te satanizaban. Y decías, “no es cierto, yo no soy así, pero me gusta andar así”, y generalmente creo que pasaba con mucha gente. Nos gustaba vestirnos como queríamos.[18]

 

En efecto, la nueva cultura juvenil adoptó rasgos y posturas contraculturales que marcaron una distancia abismal entre rocanroleros y onderos. Algunos músicos que se habían dedicado a tocar refritos durante los sesenta mantuvieron un distanciamiento frente a la nueva moda psicodélica. El testimonio de Víctor M. González ejemplifica muy bien este hecho; menciona que en un primer momento adoptaron la moda hippie, pero advirtiendo siempre un límite (una alteridad) con el uso de drogas:

Nosotros andábamos vestidos de hippies, con collares, símbolos de amor y paz, guaraches, flores. Mi bajo lo tenía pintado fluorescente, ponía una luz negra en el escenario y se veía bien padre. Poníamos letreros: “Hagamos el amor y no la guerra”, “Amor y paz”, como John Lennon. Traíamos un carro pintado completamente con flores y símbolos de amor y paz. El dueño del carro tenía un amigo que se lo pintó. Se animó y así andaba en la calle. Pero eso ya fue otra cosa, nada que ver, la gente ya empezó con las drogas y todo eso.[19]

 

Sin embargo, resulta arriesgado asegurar que la circulación de drogas se haya dado de manera generalizada y común entre la juventud roquera de finales de los sesenta. Lo que sí se puede afirmar es el hecho de que la cultura juvenil cambió a partir de estos años, despertando renovados conflictos con las culturas parentales e institucionales.

En este sentido, los adultos llevaron a cabo estrategias para interferir los gustos musicales de los jóvenes. En las escuelas, los profesores intentaron cultivar en los alumnos el gusto por la música clásica y folclórica; una nota publicada en El Occidental refería que estos estilos musicales provocaban sentimientos de grandeza, mientras que la música moderna:

No es propiamente un ritmo que llame a los valores morales, al contrario despierta los instintos que se encuentran en estado apacible del individuo. Además la música moderna no puede constituirse en folklórica; porque no reúne las condiciones requeridas, desde luego que dentro de diez años no vamos a ver bailar el “Bule-Bule”, como actualmente se baila un jarabe, son o danza autóctona […] No nos explicamos cómo en muchas escuelas, en vez de ir llevando poco a poco a las juventudes hacia la buena música, los orillan más a la moderna; debe desaparecer la costumbre de en los intermedios de clases poner discos de moda por música selecta, para así de una manera graduada y sin notarse el cambio brusco, nuestros jóvenes vayan prefiriendo la música, que realmente merece llamarse así: música.[20]

 

Es evidente que ante la creciente popularidad de la nueva ola de grupos entre la juventud, la sociedad tapatía experimentó renovados temores ante los excesos indeseados de la incesante modernidad. Si el disfrute del rocanrol había quedado circunscrito al sano entretenimiento dancístico durante la década de los sesenta, ahora el rock amenazaba una vez más con poner en crisis a los valores patriarcales y los símbolos nacionalistas. De hecho, la situación parecía más alarmante al momento que la prensa difundía noticias sobre los hippies, su vestir estrafalario, su gusto por el rock y las drogas. Refiriéndose a ellos como un “grupo de malvivientes”, apareció en El Informador una noticia sobre la detención de un grupo de jóvenes “hippies” que se dirigían a Huautla de Jiménez, Oaxaca, atraídos por los hongos alucinógenos que causaban revuelo a nivel mundial.[21] La nota refería que:

El paraíso “hippie” de Huautla de Jiménez, Oax., será clausurado definitivamente, según     informaron agentes de Gobernación, después de aprehender a 24 “hippies” extranjeros y 67 mexicanos, cuando se dirigían hacia dicho centro […] Las edades de estos drogadictos fluctúan entre los 18 y 30 años […] El centro de Huautla de Jiménez […] trascendió ya las fronteras de nuestro país, y se tienen informes que entre los muchos visitantes que han llegado hasta ese lugar se cuentan “Los Beatles”, Elizabeth Taylor y Richard Burton. Así lo atestiguan reportajes que publicaciones extranjeras han dedicado a este lugar, famoso por su gran producción de hongos.[22]

 

Una vez más se relacionaba a Los Beatles con el uso de drogas. A partir de este tipo de noticias, hubo padres de familia que vigilaron muy de cerca el consumo musical de sus hijos. Roberto Pérez Sánchez recuerda que el entorno familiar en su casa era muy rígido en este sentido:

Tan rígidos que, me acuerdo, el primer disco de rock que compré —fue un disco que me costó como dos pesos o algo así—, fue marca Polydor. Tenía My bonnie, Ya-ya, What’d I say, y Cry for a shadow. Era un disco de Los Beatles, curiosamente el disco con el que los descubrió Brian Epstein. Yo compré ese disco y se me desapareció. Entonces mi papá me desaparecía eso; se me desaparecieron discos de Ten Years After, y no sé de quién más. Se enojaba porque yo empezaba a comprar más discos que pantalones, y toda esa cosa.[23]

 

En efecto, a raíz de la nueva ola resurgieron las confrontaciones entre el patriarcado y la cultura juvenil. Incluso, para el año de 1970 se organizó un concierto de música moderna (con canciones de Led Zeppelin, Rolling Stones, Los Beatles y otros) en la secundaria número 5, con grupos en los que participaron algunos alumnos de la escuela como H2O, los Helions y los Five Night. Luego del concierto de rock, el personal de la escuela organizaría un concierto de “música clásica para que los alumnos contrastaran ambos estilos y así acercarlos al conocimiento de la música clásica”.[24]

La música se convirtió en un elemento identitario bastante fuerte entre la juventud roquera, al mismo tiempo que marcaba fronteras con los adultos en términos de gustos y sensibilidad musicales. Una columna que apareció en El Informador, escrita probablemente por una persona joven, hacía notar que en México:

Los nuevos ritmos dan un balance altamente positivo. Porque la juventud de las grandes ciudades va olvidándose de aquellos boleros, expresión morbosa y sentimentaloide de pasionalismos estúpidos, de adulterios, de escenas de cabaret y mujeres de vida liviana; también la música ranchera, falsamente entendida como manifestación del alma nacional, que no puede quedarse con esa visión del campesino borracho, asesino, enamorado de todas las mujeres […] va perdiendo terreno cada día entre los jóvenes para dejar paso a los nuevos estilos de una música que renace y alcanza ya calidades universales.[25]

 

NOTAS

[1] ‘’Los Cuatro Personajes más Importantes del Reino Unido’’, El Informador, abril 19, 1964, 15-C.

[2] ‘’ ¡A Pelar Mechudos…!’’, El Informador, noviembre 21, 1965, 4-A.

[3] ‘’El Beatle…ismo’’, El Informador, enero 2, 1966, 4-A.

[4] “El Escándalo de las Faldas Ultra-cortas”, El Informador, mayo 2, 1966, 8-C.

[5] “Rincón Femenil”, El Informador, enero 16, 1966, 16-C.

[6] Véase por ejemplo “El fenómeno del momento”, El Informador, mayo 28, 1964, p. 10-A.

[7] “Los Beatles”, El Informador, agosto 25, 1965, p. 6-B.

[8] Entrevista a Víctor M. González Canizalez, realizada el 24 de julio de 2015.

[9] “Agenda de la cultura”, El Informador, febrero 12, 1967, p. 4-A.

[10] Donato Ruiz, “Los Beatles y su época”, en EtCaetera, Núms. 2-4, abril-diciembre de 1966, año 1, segunda época, pp. 94-111.

[11] Entrevista a Blanca Margarita Aldrete Rodríguez, realizada el 29 de agosto de 2015.

[12] “Esta Juventud Desconcertante”, El Informador, enero 15, 1967, pp. 4-A y 5-A.

[13] En fecha cercana a la realización de los Juegos Olímpicos, la juventud hippie “no era la clase de turistas que el gobierno deseaba atraer […] aunque irónicamente, la base utilizada para promover el turismo y la cultura era una romántica imagen folclórica de un México exótico y ‘perdido’ que aguardaba ser redescubierto”. Véase Eric Zolov, Rebeldes con causa. La contracultura mexicana y la crisis del Estado Patriarcal, Norma, México, 2002, pp. 131-134.

[14] “Charlas de sobremesa”, El Informador, febrero 1, 1968, p. 4-A.

[15] “Música hippy-yippy”, El Informador, noviembre 12, 1969, p. 4-A.

[16] “Comentarios al días”, El Informador, febrero 13, 1969.

[17] “Estamos a medio pan”, El Informador, diciembre 3, 1970, p. 4-A.

[18] Entrevista a Roberto Pérez Sánchez, realizada el 15 de julio de 2015.

[19] Entrevista a Víctor M. González Canizalez, realizada el 24 de julio de 2015.

[20] “La juventud y la música moderna”, El Occidental, julio 20, 1969, citado en José Guillermo Puga Pérez, Los orígenes psicodélicos del rock en Guadalajara (1967-1974), Universidad de Guadalajara, CUCSH, Guadalajara, México, Tesis de Licenciatura, 2011, p. 16.

[21] Sobre un análisis más detallado de este caso véase Eric Zolov, op. Cit., pp. 131-136.

[22] “Redada de Hippies por Gobernación; Clausuran su ‘Paraíso’ en Oaxaca”, El Informador, julio 12, 1969, primera plana.

[23] Entrevista a Roberto Pérez Sánchez, realizada el 15 de julio de 2015.

[24] “Primer concierto de música moderna”, El Occidental, enero 17, 1970, citado en José Guillermo Puga Pérez, op. Cit., p. 15.

[25] “Rock ‘n’ Roll”, El Informador, octubre 26, 1969, p. 4-C.

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8 respuestas a “La “Beatlemanía” en Guadalajara

  1. Excelente Reiko muy buen inicio, muy didactico y educativo sirve que la raza actual se da cuenta que no todo estava en la mesa puesta cuando ellos llegaron, gracias a los pioneros como el maestro Don Vic!! y éxito con lo demás, abrazo grande

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